Tampoco entiendo esta excesiva criminalización de esta gente. Evidentemente los guardias deben hacer su trabajo, pero considerando que esa gente no representa una amenaza a la seguridad de la gente, no se puede considerar como prioritario expulsarlos. De hecho, creo que es perjudicial a la seguridad del viajero que los guardias se pasen horas y horas al día tomando datos de músicos y expulsándolos, cuando deberían de estar vigilando para la seguridad de la gente. No me parece justo quedarse tan ancho diciendo que los guardias de seguridad, TMB, o quien sea, hace un mal trabajo porque abundan los músicos, cuándo los músicos sólamente existen si pueden sacar dinero de su entorno. No recuerdo ver a ningún músico en el tranvía de Zúrich, y eso a pesar de que jamás vi a ningún guardia de seguridad. Creo que es evidente que la ausencia de músicos no se debe a mano dura por parte de la vigilancia, sino al civismo de la gente, que tiene la conciencia de no recompensar a los músicos por hacer algo que esta prohibido. Mendigos y demás son resultado de una sociedad con mucha pobreza por un lado, y una inconciencia ciudadana que prefiere dar limosnas que no ser consecuente y aportar donativos a programas sociales que ayudan más a la gente pobre.
La idea de apartar a la fuerza este síntoma del incivismo y la ignorancia de la sociedad que esta recompensando a gente que infringe las normas no es más que poner ketchup sobre la pechuga podrida (Wyoming dixit), a la vez que nos lavamos las manos apuntando a las fuerzas de seguridad y la empresa operadora como responsables, pero ignorando por completo que el fomento de esta práctica se debe al colectivo de viajeros que sigue dando propinas a estos individuos. Y esto es una solución igual de burda que la que emplea el gobierno cuando reprime manifestaciones ciudadanas, o cuando multa la indigencia: ocultar los sintomas no quitará la enfermedad.





