La foto que surt a El Periódico, amb el títol "RENFE, seguimos sin ver la salida", resum tot bastant bé...
I aquí l'editorial:
EDITORIAL: Otro fracaso de Renfe en Barcelona
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* Renfe sufre un descarrilamiento que mermará el servicio todo Sant Joan
Los accidentes son inevitables; el caos en los servicios públicos, no. Lo sucedido ayer a raíz del descarrilamiento de un convoy vacío del Euromed en las inmediaciones de la estación de El Prat no tiene justificación posible. El compendio de improvisación y desinformación que debieron soportar miles de usuarios atrapados en los andenes desborda lo tolerable en una sociedad moderna y desarrollada.
En el caso del servicio de Cercanías de Barcelona, más que llover sobre mojado, diluvia sobre un paisaje completamente inundado. Ni las complicaciones derivadas de las obras del tendido del AVE ni las confusas explicaciones que Renfe y Adif dan a cada nueva incidencia explican que el plan para situaciones de crisis, que es de suponer que existe, dé los resultados que sufrieron ayer no menos de 80.000 viajeros. La indignación de estos está doblemente justificada: como contribuyentes, que esperan que sus impuestos les procuren servicios eficaces, y como usuarios de una infraestructura pública que cada dos por tres defrauda sus expectativas.
Perjuicio general
Es de agradecer que el presidente de Renfe, José Salgueiro, se desplazara a Barcelona para dar explicaciones, pero el viaje era poco menos que obligado a la vista de las dimensiones del problema y de la falta de recursos para afrontarlo. Porque una incidencia de este tipo tiene una repercusión en cascada en la red viaria --ayer se formaron colas de varios kilómetros en la autovía de Castelldefels--, en la economía e incluso en la vida académica --exámenes perdidos-- tan difícil de evaluar como fácil de percibir en el disgusto creciente de los ciudadanos.
El enfado es más que lógico, además, porque desde el 14 de noviembre, cuando publicamos la portada que aquí reproducimos, los avances han sido efímeros. La situación de colapso ferroviario es idéntica hoy, con el agravante de que ha pasado más de medio año, pero la proliferación de declaraciones y promesas no se ha traducido en mejoras significativas, sino en crisis encadenadas.
Un asunto de Estado
No estamos hablando de una deficiencia meramente técnica, porque afecta a una conurbación determinante para la economía y la proyección de España. De forma que es a todas luces insuficiente dejar la solución en manos de las compañías que administran la red ferroviaria. Se trata de un problema de Estado que requiere la intervención y el compromiso directo del Gobierno, embarcado en una costosísima ampliación del aeropuerto y en la llegada del AVE a la estación de Sants, pero que es incapaz de garantizar el normal funcionamiento de la red de Cercanías, esencial en la vida cotidiana de miles de ciudadanos.
En esta ocasión hay que añadir que la repercusión de la crisis se agrava al coincidir la suspensión de tramos del servicio con la verbena de Sant Joan, noche de desplazamientos masivos. Es de desear que donde los poderes públicos han fallado estrepitosamente se imponga la prudencia de los ciudadanos en la carretera.




