Ambas posiciones tienen razón, hay que mantener lo que hay pero no por eso dejar de planificar cosas nuevas. Es una cuestión de como se planifica. La forma sensata de hacerlo es establecer objetivos globales a nivel abstracto (como queremos gestionar el transporte? Que tantas carrereteras y autopistas; que tanto y que tipo de ferrocarril?); después crear planes maestros a 50 años vista o más; después dividir esos planes maestros en proyectos que a su vez consistan de diversas actuaciones que idealmente vayan teniendo sentido por si mismas. Y todos esos planes y proyectos hacerlos teniendo en mente que servicios se buscan y que infraestructura es necesaria para poder realizarlos.
Lo digo todo esto como persona completamente profana a la materia pero a este nivel de entendimiento debería poder llegar cualquier ciudadano de a pie.
La línea orbital esta pasa olímpicamente de todo eso. Se está dando protagonismo a un determinado proyecto por encima del planteamiento global o del plan maestro, y pese a su envergadura no se detallan las fases individuales y como se irán incorporando una a una en un plan de servicios. Porque aún de llegarse a hacer, un proyecto así es cosa de fácil 20 años. Osea que la idea es estar otra vez 20 años con pegotes casi inútiles a los que improvisar un uso, como con la L9, en lugar de ir teniendo piezas que ya vayan dando utilidad. Magnífico.
Lo que se está haciendo es populismo con las infraestructuras. Lo de siempre vaya. La política tiene su lugar en la planificación, ya lo dije alguna vez, planificar infraestructuras y movilidad no es un tema objetivo sino un tema político. La política debe reflejar los deseos del soberano – que en un sistema democrático es el pueblo – y trasladarlos a un nivel práctico. Si el soberano quiere pasar de trenes y hacer carreteras, que así sea. Si el soberano quiere trenes, que así sea. No hay correcto o incorrecto, son decisiones con sus pros y sus contras. Aquí yo veo todavía mucho pensamiento tecnocrático de gente que dice que hay que hacerlo así porque el clima y la UE y la ciencia y no sé que ocho cuartos. Pero al final si eso es lo que debe definir las decisiones pues ya podemos también quitar la democracia, no?
En lo que fracasa la política es en establecer compromisos y ceñirse a ellos. Una vez establecida la política de movilidad entonces sí son los servicios técnicos que elaboran la forma de llevar eso a la práctica. Aquí puede haber también ciertas exigencias (yo si por mi fuese exigiría por ejemplo mantener EdF y mejorar los accesos aún si técnicamente hay formas más sencillas de dar la misma solución) pero de nuevo que se comuniquen y se justifiquen. Y una vez hecho todo eso pues ya es intentar cumplir con los planes maestros y los proyectos. Asignar fechas y presupuestos.
La ciudadanía por su lado tampoco cumple con su parte: Muchísimas gracias gente solo grita que quieren esta o aquella infraestructura para su pueblo o su región y a los demás que les peten. Se juntan pues el hambre y las ganas de comer. También la ciudadanía tiene que entender que hay que seguir unos procesos acordados y a veces no será la propia región la más beneficiada.
Finalmente también es importante que se haga todo por fases. No siempre se puede tener todo lo deseable en el tiempo idóneo. Depende de lo que permita el presupuesto. Un gobierno serio asignará partidas presupuestarias según lo posible y establece fechas según la previsión conformada de cuando estarán disponibles esas partidas presupuestarias. De nuevo la línea orbital pasa de todo esto: No hay ni estima de costes, menos aún hay partidas presupuestarias, menos aún hay fechas preliminares. Y aquí también la ciudadanía tiene que mirarse a si misma y no solo apuntar con el dedo a "los políticos": cuando no se puede hacer todo pronto cual es la reacción, aceptar que primero se hagan otros proyectos o intentar acaparar el beneficio propio por encima del de los demás?
Resumiendo, el problema es que tanto en la política como en la ciudadanía no hay conciencia sobre como hacer bien la planificación. Hay gente por todas partes que sí sabe de eso (pues existen planes maestros) pero parece que quedan en minoría ante políticos, ciudadanos y periodistas que se dejan llevar por las demandas y promesas populistas. Hay que entender un poco como debe funcionar todo esto y también donde entra en juego la política, y donde entra en juego lo técnico, porque esto a menudo se hace exactamente al revés.
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