Ampli reportatge a La Vanguardia:
Plaza (casi) abierta
Lesseps se inaugura con una multitudinaria fiesta que reabre el debate de su diseño
LLUÍS SIERRA - Barcelona
La plaza Lesseps se llenó ayer de gente y de comentarios a favor y en contra del resultado de la reforma que ha llevado más de cinco años de obras. "La plaza ya es vuestra", exclamó el alcalde Jordi
Hereu ante cientos de vecinos y dos decenas de manifestantes ruidosos. Pero el vecindario ya había hecho suya la plaza semanas antes de la inauguración oficial de ayer, lo que les permitió, entre juegos y pequeños espectáculos, debatir sobre el resultado de la reforma. La gente lo hacía al pie de las polémicas y grandes estructuras metálicas con las que el arquitecto Albert Viaplana quiso evocar el canal de Suez, o jugando a la petanca o vigilando a los niños en las dos áreas de juego infantiles. Dos zonas de juego que - ahí sí hay más unanimidad-deberían ser más o más grandes.
Esta es una de las reivindicaciones de los vecinos organizados en la recién creada asociación de vecinos y comerciantes , que recibieron un mensaje del alcalde: "Iremos mejorando la plaza en las pequeñas cosas".
Del scalextric a las críticas al ´tobogán´
Una ventaja de inaugurar una plaza cuando lleva semanas acabada (a falta del gran detalle de las obras de la línea 9 del metro) es que el vecindario llega a la fiesta con criterio formado ya en el uso del espacio público. El proceso de discusión del proyecto para la plaza Lesseps fue en su día ejemplo de participación y de diálogo Ayuntamiento-vecinos. Pero la discusión ha continuado.
Hereu afirmaba ayer que "hacía 40 años que la plaza era un nudo de comunicación y ahora es un lugar de encuentro. Hace muchos años que la teníamos pendiente, pero Barcelona recupera la plaza Lesseps para siempre".
"De cómo estaba la plaza a como está, la veo la mar de bien", resumía Silvia, madre de dos niños pequeños. Esta valoración es prácticamente unánime, sobre todo en gente mayor que ha visto ya tres plazas diferentes en las últimas décadas (la peor, la plaza scalextric última), pero hay quien, reconociéndolo, lamenta que la gran reforma, en tiempo y dinero, no haya dado un resultado mejor. Entre quienes lo lamentan está el PP, que ayer pedía una nueva reforma. Por cierto, ningún concejal popular, ni de ICVEUiA, se dejó ver en la fiesta de ayer, al menos en los puntos de concentración de autoridades. Sí hubo una nutrida representación del PSC y pequeña de CiU y ERC.
Gente mayor con memoria, la que recuerda el maltrato anterior a la plaza, es la que ahora encuentra excesiva "la mucha pendiente", el desnivel entre el lado montaña y el lado mar de la plaza, que le da un aire de tobogán.Josep Maria Flotats, presidente de la asociación de vecinos y comerciantes de Lesseps, repetía ayer que la pendiente dificulta la accesibilidad a las personas con movilidad reducida: "Ya sé que hay desnivel, pero si el Machu Picchu tiene terrazas, la plaza Lesseps también puede tenerlas".
"Cuando crezca la hierba entre las baldosas, será peor", comentaba un hombre en silla de ruedas". "Se puede patinar muy bien", decía un niño de once años en patinete. "Ahora da gusto atravesar la plaza a pie", aseguraba una vecina. "¿Y qué hace ahí esa marquesina de autobuses que no se utiliza?", se quejaba otra.
Pros y contras para casi todo: las grandes estructuras y farolas que cruzan el panorama, se mire desde donde se mire, disgustan a quienes quieren una plaza diáfana. Curiosamente, los turistas que van y vienen del Park Güell se fotografían junto a esas estructuras, no ante la fachada de la iglesia de los Josepets.
El arbolado es escaso y los árboles, pequeños. "Ya crecerán en unos años", aseguran los técnicos. "Nos vamos a asar en verano, sin sombras", dicen muchos vecinos. "Y por las noches habrá botellón", apuntan. Al parecer, ya ha habido algún botelloncito.
Flotats, que recuerda cuando frente a su portal había seis carriles de circulación, agradece el cambio, pero juzga que se ha perdido la oportunidad de hacer "una plaza para estar en ella".
Hay un espacio donde por ahora no se puede estar ni pasar. Casi en medio de la plaza, que ha recuperado 6.000m2de espacio público, queda la zona vallada de las obras del metro. Ahí ha de ubicarse (en el 2102 yendo bien) una mayor zona de juegos infantiles. El concejal de Urbanismo, Ramon García-Bragado, lamentaba los efectos de dos calendarios de obras tan dispares: "Se planificó la plaza pensando que el metro ya estaría y que habría menos tráfico por General Mitre". Que no ha disminuido mucho el tráfico se evidencia a diario en atascos en Gran de Gràcia.
Cuando acaben las obras del metro quizá no disminuya el tráfico, pero se ganará un gran espacio, se completará la plaza. "Pero no podemos esperar cuatro o cinco años", insiste Flotats, quien apuesta por continuar las reivindicaciones pero no la estrategia de los que ayer aparecieron con pancartas de "menos cemento y menos diseño" y gritos contra el alcalde. "No son del barrio", asegura Flotats, aunque otros relacionan a algunos manifestantes con el Ateneu Maig 37, un edificio okupado en la ronda a pocos metros de la plaza. Flotats apunta que en las últimas semanas ya se han conseguido algunas mejoras: barandillas, supresión de algún escalón... ¿Cambios de envergadura? "Llevará más tiempo".
COMPROMISO Hereu promete que a partir de ahora se mejorarán los detalles de la plaza
PROTESTA Una veintena de manifestantes abroncó al alcalde en la fiesta
A ver quién grita más
Francesc Peirón
Mejor con una sonrisa. El señor Flotats, presidente de los críticos de la plaza Lesseps, descarta cualquier actitud agresiva para recibir al alcalde Hereu, al que más de uno evoca esta mañana de domingo de Ramos como el Judas por el supuesto desaguisado arquitectónico perpetrado. Supuesto porque depende de quién y cómo lo mire, aunque predomina la idea de que sobra hierro y falta vegetación. "Menos misa y más paella", diría un personaje de Berlanga.
A primera hora, el foco de atención se centra en los practicantes del taichi taoísta reunidos en una zona de pasto, donde se ejercitan ajenos a cualquier polémica. Aseguran que esos movimientos lentos mejoran la salud física, de la mente y del espíritu.
¿Existe algo que dé más por menos?
Será que sí. De repente, se forma una larga cola. Son los que se preparan para recibir el alimento del cuerpo, que no deja de ser el edificio que sustenta todo lo otro. La falta de unanimidad en cuanto al diseño de este enclave - "no es una plaza maldita, sino que ha sido maltratada", sostiene Flotats-desaparece cuando se prueban el chocolate y la coca.
"No sé quién lo ha hecho, pero está muy bueno", comenta una mujer sobre el contenido de su vaso. "Y la coca también", añade rauda una de sus compañeras. Esa sintonía se rompe cuando se menta esta ágora. A una no le gusta nada. Otra pide más árboles. Él señala que "sobra el palio", en referencia a las gigantescas estructuras metálicas. Y la última se muestra a favor del resultado alcanzado: "Es una plaza a veinte años vista, de futuro. Los jóvenes ya no vienen a estos sitios, ahora se pasan el día con la Play o como se llame".
También se reparten pequeños tiestos, que algunos aprovechan para incorporar a la bendición de palmas que el sacerdote imparte en las escaleras de los Josepets. El párroco habla de "días de penitencia" y evoca "la entrada triunfal de Jesús en la ciudad santa". Al poco, por encima de la superposición de músicas - canto coral, una cobla y el pasacalle-emerge el griterío de una docena de enfadados con Hereu, al que piden que se vaya entre insultos. El alcalde coge el micro, eleva el tono de su voz - de normal ya bastante decibélico-y consigue que se oiga: "Hoy se escuchan todas las voces de la ciudad, incluso las de los que protestan, cosa que hace unos años no se podía hacer".
"Prefiero una sonrisa", replica Flotats - comerciante del lugar y uno de los tantos identificados con la pegatina del lazo verde-en respuesta al alboroto. Suena Verdi, y los gritos desaparecen.
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