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Torre Baró planta cara a los cambios de circulación introducidos el 1 de enero en sus dos principales calles, motivados por el paso de los nuevos autobuses de la línea 83
Revuelta contra el sentido único
ÓSCAR MUÑOZ - Barcelona
La medida busca mejorar la seguridad vial pero los vecinos piden que antes se hagan aceras
La refundación de la línea 83 de autobús ha puesto a Torre Baró en pie de guerra. Este pequeño barrio del distrito de Nou Barris ha iniciado una movilización contra los cambios que el Ayuntamiento de Barcelona acaba de implantar a raíz de la entrada en servicio de las dos nuevas unidades de TMB, subcontratadas a Sagalés. Los vecinos están que trinan porque sus dos principales calles, Sant
Feliu de Codines y Escolapi Càncer, son desde el 1 de enero de sentido único, lo que les obliga a dar grandes rodeos para acceder a sus domicilios, y también porque ambas vías han sido pintadas con líneas amarillas que evitan el estacionamiento de coches. Y todo, lamentan, para que pase un minibús cada media hora, cuando antes lo hacía otro vehículo más grande con tráfico privado de subida y de bajada y sin prohibiciones de aparcamiento.
La protesta ha cristalizado estas fiestas navideñas. Hoy por hoy, casi nadie respeta las nuevas normas. Algunas señales que indicaban el sentido único han desaparecido. Agentes de la Guardia Urbana informan a pie de calle, sin multar, pero los vecinos siguen en sus trece. Dobles flechas proliferan por el barrio en forma de pancartas, de pintadas en paredes e incluso en contenedores de la basura, al tiempo que se recogen firmas. En pocos días, los promotores de la movilización han conseguido 350 adhesiones. Las nuevas direcciones han comportado la creación de una rotonda en la entrada - ¿o salida?-del barrio que se ha anulado con vallas. Y algunas plazas de estacionamiento habilitadas han creado varios conflictos porque dificultan el acceso a las viviendas.
En el Ayuntamiento no comprenden esta reacción. Un portavoz municipal asegura que el trazado del nuevo 83 "fue pactado en su día por el distrito con la asociación de vecinos en los términos existentes en la actualidad" por considerarlo el "más idóneo". Los cambios "también han permitido mejorar la seguridad vial" ya que, recuerda, "al tratarse de calles estrechas, cuando había un coche mal estacionado, la confluencia de otros dos forzaba a uno a dar marcha atrás para dejar pasar al otro, situación impracticable para el buen funcionamiento de un autobús".
Los vecinos no lo ven así. "Estas supuestas mejoras se han hecho a nuestras espaldas - sostiene ÁlexPérez-,sólo han convocado a la asociación cuando ya estaba todo decidido". Por ello, añade otro vecino, Mariano Hernando, "pedimos que se retiren las medidas y se abra un diálogo para ver cómo debe pasar el 83 y qué otras mejoras necesitamos" porque, se pregunta, "¿de qué seguridad estamos hablamos cuando en muchos tramos no tenemos ni aceras y nos vemos obligados a caminar por en medio de la calle?".
Nuevo modelo de explotación de TMB junto con Sagalés
El flamante 83 cuenta con dos vehículos de 6,5 metros y capacidad para 18 viajeros. Transports Lydia se ocupó de esta línea - con buses más grandes, de 9 metros y 50 plazas-hasta el 1 de enero, cuando TMB pasó a ser el gestor. Esta última, a su vez, ha contratado a Sagalés para su explotación. Se trata de un nuevo modelo en el que la empresa pública proporciona el vehículo y fija las condiciones del servicio (frecuencias, calidad...) y la privada se ocupa de la operación diaria. La Entitat Metropolitana del Transport (EMT), responsable del servicio, fijó que esta subcontratación podía extenderse cinco años ampliables a otros tres. Esta fórmula se aplica también en las líneas 80, 81 y 82, que junto con la 83 cubren la zona norte de Nou Barris y forman parte de la misma concesión de la EMT. Sagalés estimó en el concurso convocado por TMB para ocuparse de las cuatro líneas - al que se presentaron otras siete empresas-que la operación costaría 5,8 millones de euros los primeros cinco años. El importe se obtendría de los billetes de los viajeros y de aportaciones de la EMT y TMB. Estas dos últimas vías se abonan a Sagalés mediante un canon. Si se cumplen unos baremos de calidad, hay incentivos, y si se incumplen, penalizaciones. La reorganización de las cuatro líneas se ha basado en un estudio sobre las condiciones idóneas para el servicio. Para el nuevo 83 se ha elegido un minibús, suficiente según TMB si se tiene en cuenta que la antigua línea transportaba 400 viajeros diarios y la 159, que se ha fusionado con la 83, otros 285. En cuanto a la creación de sentidos únicos y la prohibición de aparcar, la compañía argumenta que "es la única posibilidad para que los autobuses sigan la ruta fijada de acuerdo con los estándares de calidad de TMB (entre otros, circular sin dar marchas atrás o sin riesgo de hacer rascadas)".
LA HISTORIA
Un barrio con bus porque lo secuestró
La relación de Torre Baró con los autobuses es singular. Los vecinos de este barrio que creció por las laderas de Collserola tuvieron que protagonizar una sonada protesta para lograr este servicio. En 1978 secuestraron un vehículo, conducido por uno de ellos, para demostrar que podía pasar por sus angostas y empinadas calles.
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