Per tractar sobre com els hi va als turistes. De La Vanguardia:
Extranjeros despistados y cargados de maletas saturan la ´estación central´
Turistas en l´Hospitalet
LUIS BENVENUTY - L´Hospitaletde Llobregat
"Esto no es Sants, ¿verdad? ¿Estamos muy lejos del estadio del Barça?", pregunta un desorientado
La verdad es que no es la mejor bienvenida a la ciudad", musitan con resignación las brasileñas Gillene, Jessica y Tarni, sentadas sobre sus grandes maletas, en la cafetería de la estación de Renfe de L´Hospitalet de Llobregat. Las colas frente a la ventanilla de información y venta de billetes se retuercen sobre sí mismas y no tienen espacio en el vestíbulo para estirarse. "Llegamos esta mañana a Sants, en AVE, y cuando fuimos a coger nuestro tren para Salou nos dijeron que no había trenes, que teníamos que coger un metro para venir aquí - lamentan las veinteañeras-.¡Con todas estas maletas no nos hemos visto capaces de hacer transbordos y hemos cogido un taxi!".
Entonces una mujer de mediana edad colorada como una langosta, al estilo del turista anglosajón de toda la vida, interrumpe para, muy amablemente, preguntar en inglés: "¿Alguien podría explicarnos dónde estamos? Es que estamos pasando unos días en Torredembarra y hoy toda la familia queríamos visitar el estadio del Barça. Nos dijeron en el hotel que el estadio estaba muy cerca de la estación de Sants, pero de repente el tren se ha parado aquí y nos han hecho bajar. Y yo creo que esto no es Sants, ¿verdad? ¿Estamos muy lejos del estadio?".
Sucesivas mareas humanas pisan una y otra vez las rayas pintadas en el suelo que conducen a la parada de metro Rambla Just Oliveras, línea roja. Es el camino a la estación central de la capital catalana. Los usuarios habituales de la red de Rodalies, aquellos que acuden a trabajar, están al tanto del gran corte de las comunicaciones ferroviarias y se dan los extraordinarios madrugones oportunos para no sufrir sobresaltos. Otro cantar es el de la gente de vacaciones... Y es que esta estación de Rodalies, acostumbrada a un público acelerado por culpa de las obligaciones cotidianas, se vistió ayer de cosmopolita Sants en pleno verano y, probablemente por primera vez en su historia, se llenó de turistas, de turistas más bien desconcertados. Porque lo cierto es que el nuevo traje le sienta extraño a la parada de Renfe de L´Hospitalet.
Los accesos a los andenes fueron insuficientes y las aglomeraciones en torno a ellos serán una de las tónicas de este agosto. Un operario improvisó un cordón de seguridad con una cinta de plástico y un par de nudos a fin de que ningún viajero camino de la calle se cayera por las escaleras que comunican los diferentes andenes. Por suerte, al menos ayer, no hubo que lamentar más daños personales que el tiempo perdido y el cansancio acumulado. Las vacaciones diluyen los males.
"Cuando llegue a Salou y me dé un buen baño en la playa me olvidaré de todo - dice la joven Susana Gómez a la espera de saber a qué hora sale su tren, en su retorcida cola, con su maleta-,pero mientras tanto...". "Es que el viaje se nos está haciendo eterno - agrega su amigo Ricardo González-.Hemos salido de Tenerife a las tres de la madrugada y aterrizamos en Barcelona a las siete, hace más de tres horas. Llegamos a Sants para coger nuestro tren y nos dicen que tenemos que volver atrás". "Hemos hecho el trayecto en metro porque seguro que un taxi nos revienta el presupuesto de las vacaciones, ¿o no? ¿Esto está muy lejos de Sants?".
"Yo no cojo normalmente el tren - dice el estudiante de Audiovisuales Jorge Mallén-,y esta mañana me he plantado en la estación de França para regresar a Benicarló, porque el curso ya ha terminado. Entonces me he enterado de no sé qué corte y me he visto con las maletas de todo el año obligado a venir aquí. Pensaba que llegaría a casa sobre las doce y media, pero no podré hacerlo hasta las cuatro y media de la tarde. Y encima tengo que hacer transbordo en Tortosa, creo... Podrían haber informado mejor".
Mientras tanto, el área de Rodalies de Sants está inusitadamente despejada. Los taxistas lamentan que se ven obligados a llevar a cabo esperas en la parrilla de alrededor de dos horas para conseguir un cliente. Uno puede elegir su propio informador entre la legión desplegada por Renfe y siente un trato que se antoja prácticamente personal. De hecho, a las cinco de la mañana, una hora antes de la prevista para el comienzo del servicio, tres turistas ingleses ya aguardaban el autobús provisional del aeropuerto de El Prat. Un vehículo fue fletado sólo para estos tres turistas.
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