Guillermo II, que fue emperador de Alemania hasta abdicar después de la primera guerra mundial, era un aficionado a la tecnología*, y en su día fue a estrenar el tren colgante de Wuppertal. El tren que se utilizó para ese viaje lo tienen conservado (y evidentemente funciona), lo llaman el "Kaiserwagen", el coche imperial o del emperador.
Me parece muy representativo de su cultura que algo aparentemente tan arcaico como un tren colgante se hubiera conservado hasta la fecha, y se siga utilizando como un transporte público de verdad, y no una atracción o curiosidad (aunque también lo es). En cambio aquí nos cargamos en su día kilómetros y kilómetros de carrilets, el de Olot, el de Sant Feliu, el de Tortosa, el de Guardiola (y de milagro se salvó la línea Llobregat-Anoia), porque se consideraban anticuados e inútiles, sin que en más de medio siglo se hubiese hecho un esfuerzo serio para modernizar esas líneas. El tren colgante no hubiera sobrevivido dos guerras mundiales ni la motorización masiva si no se hubiera querido apostar por mantenerlo, aprovecharlo y modernizarlo. Si en los años 70 aún hubiera tenido el mismo aspecto que a principios de siglo, como nuestros carrilets, su único futuro hubiera sido el chatarrero. Un país que no sabe valorar los recursos que tiene es un país destinado al fracaso.
*Como curiosidad, los Ferrocarriles Militares Reales Prusianos (el brazo ferroviario del ejército de la Alemania imperial) llegaron a hacer pruebas con un automotor eléctrico que alcanzó nada menos que 210,2km/h, y esto en
1903.
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