El calvario de llegar al AVE
¿Cómo llegar a la estación del Camp de Tarragona del AVE y no morir en el intento? Esa es la cuestión que se plantean muchos tarraconenses. Desde el centro de la ciudad hay tres maneras de hacerlo: en coche privado, en taxi o en autobús. El lunes el 'Diari' realizó el experimento y llegó a la conclusión de que la nula señalización confunde a los conductores, es difícil localizar la parada de autobús e ir en taxi resulta caro.
por jonathan maestre |
Entro a la estación de autobuses de la plaza Imperial y me siento confundido. No encuentro ningún cartel que me indique qué bus debo coger. Como todavía es pronto-cosa que averiguaría un poco más tarde- tampoco está anunciado en el panel luminoso donde se anuncian las próximas salidas y llegadas.
Decido pasearme mirando los papeles de información que hay colgados en los tablones, pero no saco nada en claro. En la estación de autobuses de Tarragona cada empresa de transportes tiene su propia taquilla. Pregunto en una de ellas y la señorita, muy educadamente, me indica que he de dirigirme a la de al lado. Al final, resulta que se trata la de la Empresa Plana.
Después del rato de caos, ya comienzo a ir por el buen camino. La vendedora me da un papelito donde aparecen todos los horarios. Entre los numeritos acabo descubriendo que se trata del autobús de la línea Tarragona-Valls (por la carretera N-240).
Entra en Perafort
Cada cierto tiempo -coincidiendo con las salidas y llegadas de los trenes de alta velocidad en la estación del Camp de Tarragona-, el bus entra en el municipio de Perafort y se acerca hasta la estación del AVE. En la puerta del bus le pregunto al conductor si él vende los billetes ya que he observado que junto a su asiento tiene un dispensador. «Sólo si vais muy apretados de tiempo los vendo yo. Si no, hay que ir a la taquilla», me indica.
El coche es un autobús de línea y la disponibilidad está sujeta a los caprichos de los horarios. Además, a pesar de tener estructura de autocar, las maletas tienen que subirse al habitáculo, algo ciertamente incómodo, sobre todo si es una hora punta y está abarrotado.




