http://www.abc.es/20090202/castilla-leo ... 90202.html
HACE unas semanas José Rolando Álvarez, presidente y fundador del Grupo Norte, apostaba por el tren como posible vía alternativa y de futuro para Valladolid. A la vista de lo enclenque que se presenta el panorama del automóvil en una ciudad que lleva casi medio siglo amarrada a un cigüeñal, la propuesta no parece en absoluto un brindis al sol. El AVE es un árbol frondoso que, con su velocidad y su relumbrón, quizá no nos esté permitiendo ver el bosque. No deja de ser un lujo carísimo desarrollar toda la estructura que requiere este artefacto para simplemente traer y llevar viajeros.
Desde 2005 las grandes empresas del transporte ya tienen licencia para trasladar mercancías sobre raíles. Sin embargo en esto, como en casi todo lo que hasta hace nada fue monopolio -piénsese en el lacerante ejemplo de Telefónica-, las viejas maquinarias estatales suelen jugar sucio y hacer trampas. Nada más liberalizarse el sector ferroviario tanto Renfe como Adif subieron considerablemente las tarifas de sus servicios y pusieron por las nubes el arrendamiento de sus infraestructuras. Esto, por cierto, para quienes acusan a los gobiernos del PP de padecer una auténtica fiebre liberalizadora se ha hecho en tiempos de Zp y Maleni. Y, hablando de Maleni, cabría preguntarse qué fue de aquella propuesta suya de crear las llamadas «líneas de altas prestaciones». ¿Sabe alguien de dónde a dónde van esas líneas?
Un estudio internacional reciente sitúa a España, en lo que a desarrollo ferroviario se refiere, por detrás de países tan punteros como Gabón, Irán, Croacia o Túnez. El estudio asegura que el problema en España no es de infraestructuras que, aunque no para tirar cohetes, al menos parecen aprovechables, sino de gestión y de ideas -casi nada-. Pero si José Rolando Álvarez ve en el tren futuro es porque en el tren hay futuro. EL AVE puede que sea un buen invento y una buena manera de acercar España a los españoles, pero seguramente estemos hablando de un elemento cuya potencialidad es inversamente proporcional a la capacidad y aptitud de quienes deberían sacarle partido. Y así nos va.
Fernando
Conde


